
Las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico en Colombia están modificando sus rutas y métodos de transporte marítimo de cocaína, ante el aumento de la presión militar y tecnológica de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico oriental, una ofensiva que ha elevado el riesgo para las tradicionales lanchas rápidas usadas durante décadas.
Autoridades colombianas señalan que los ataques y operativos estadounidenses contra este tipo de embarcaciones han obligado a los cárteles a buscar alternativas más discretas, con menor visibilidad en radares y mayor capacidad de mimetizarse con el tráfico legal. Aunque las lanchas rápidas siguen en operación, su efectividad ha disminuido de forma considerable.
De acuerdo con la Armada de Colombia, una de las principales adaptaciones ha sido el uso creciente de veleros y embarcaciones recreativas que transportan cargamentos más pequeños, pero con mayores probabilidades de pasar desapercibidos. Estas naves, asociadas al turismo o a actividades deportivas, se integran con facilidad al flujo normal en zonas costeras y marinas.
“El margen de maniobra para las organizaciones criminales se ha reducido”, explicó al diario Milenio el capitán de fragata Felipe Portillo Oliveros, comandante de la Estación de Guardacostas de Colombia, al detallar que estas embarcaciones ofrecen sigilo frente a sistemas de detección cada vez más sofisticados desplegados por fuerzas internacionales.
Según información obtenida por el medio citado, las autoridades también han detectado un aumento en la llamada contaminación de buques mercantes de alto bordo, una modalidad más compleja que consiste en adherir cargamentos de droga al casco de las naves mediante dispositivos conocidos como parásitos.
Esta técnica, considerada de alto riesgo, requiere personal especializado y una ejecución precisa. Los artefactos se fijan a la parte sumergida del buque utilizando imanes o tornillos y suelen colocarse durante la noche o la madrugada. En la mayoría de los casos, la misma persona que instala el cargamento es quien lo retira en el puerto de destino, para evitar errores o rastros.
Reportes de cooperación internacional en materia antidrogas indican que esta modalidad se ha intensificado en rutas hacia Europa, donde el valor de la cocaína se incrementa de manera significativa. En contraste, la contaminación de contenedores continúa siendo más frecuente en trayectos hacia Centroamérica, una región clave como corredor hacia Estados Unidos.
Las investigaciones muestran que no todos los cargamentos se introducen durante la navegación, ya que en algunos casos la droga es colocada antes de que los contenedores suban a los buques, ampliando la red delictiva que participa en el tráfico.
Frente a este escenario, la Guardia Costera de Colombia ha reforzado la vigilancia con radares, sensores, cámaras y labores de inteligencia apoyadas por reportes ciudadanos, además de inspecciones subacuáticas realizadas por equipos de buceo especializados. Las autoridades aseguran que el objetivo no solo es decomisar droga, sino anticiparse a las nuevas tácticas del crimen organizado, que continúa adaptándose para abastecer al mayor mercado de cocaína del mundo.
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